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Pintura y reparaciones al finalizar el alquiler: quién paga qué

Uno de los momentos que más dudas genera en un alquiler es la entrega de llaves. Pintura, limpieza, pequeñas reparaciones… ¿qué corresponde al inquilino y qué debe asumir el propietario? En los últimos años, los tribunales han ido aclarando este reparto de responsabilidades, dejando un mensaje bastante claro: no todo deterioro puede cargarse al arrendatario.

Al finalizar un contrato, es habitual que la vivienda presente señales de uso. Paredes con marcas, pintura apagada, juntas del baño envejecidas o un desgaste lógico del suelo son consecuencias normales de vivir en un inmueble. Estas situaciones forman parte del mantenimiento general y, salvo pacto expreso, corresponden al propietario. El inquilino no está obligado a devolver la vivienda “como nueva”, sino en un estado coherente con el uso normal durante el tiempo de alquiler.

La legislación es clara en este punto. El propietario debe encargarse de las reparaciones necesarias para conservar la vivienda en condiciones de habitabilidad, mientras que el inquilino solo responde de las pequeñas reparaciones derivadas del uso cotidiano o de los daños provocados por un uso negligente. Para que un gasto pueda imputarse al arrendatario, debe demostrarse que el deterioro no es fruto del desgaste ordinario.

Un aspecto clave es el contenido del contrato. Aunque se indique que la vivienda se entrega en buen estado, esa mención no implica que cualquier deterioro posterior sea responsabilidad del inquilino. Solo cuando existe una cláusula clara y específica que atribuya gastos como pintar o realizar limpiezas profesionales, puede exigirse su cumplimiento. De lo contrario, estas actuaciones se consideran parte del mantenimiento habitual del inmueble.

Para evitar conflictos, es muy recomendable documentar el estado de la vivienda al inicio y al final del alquiler mediante fotografías, vídeos e inventarios detallados. Esta prueba resulta fundamental si surge una discrepancia sobre el origen de un desperfecto. También conviene realizar una limpieza razonable antes de la entrega, sin asumir servicios extraordinarios que no estén pactados.

En Finques Campanyà insistimos en la importancia de contar con contratos claros, equilibrados y bien redactados. Definir por escrito qué se considera desgaste normal y qué daños serán imputables al inquilino aporta seguridad jurídica a ambas partes y reduce reclamaciones innecesarias cuando llega el momento de cerrar una etapa y devolver las llaves.